
Los pasados día 4 y 5 de Abril se celebró en el Paraninfo de la Facultad de Económicas de Málaga el
“III Seminario Internacional de Reporteros de Guerra”, al que asistieron ponentes tan interesantes como los periodistas
Fran Sevilla (RNE),
Ramón Lobo (El País) o el prestigioso fotógrafo
Javier Bauluz (freelance) en el primer día de la jornada. El segundo día fue protagonizado por el punto de vista femenino gracias a las periodistas
Mercedes Gallego (Grupo Vocento) y Pascale Bourgeaux (RTV Belga).
De sus lecciones magistrales hemos aprendido muchas cosas, pero, a grandes rasgos, podríamos decir que, debido a que la tan ansiada objetividad no existe, lo mejor que podemos hacer, por lo menos, es comprometernos con las causas, con los valores y con las víctimas de la guerra, quienes, al fin y al cabo, son las que verdaderamente padecen las malas decisiones de sus mandatarios. Las víctimas deben tener una voz ante algo que ellos no han elegido y los periodistas son los que deben denunciar estos hechos.
Como puso de manifiesto el periodista
Bru Rovira “la guerra ha convertido al civil en estrategia militar”. Da pena. Ningún tipo de guerra tiene explicación pero, que se haya llegado hasta estos límites da asco.
Saliéndose un poco de lo que eran los temas de las conferencias, la ponencia de Ramón Lobo sirvió para dar luz a los estudiantes de periodismo que se encontraban presentes. A lo largo de su charla recordó todo su bagaje profesional, haciendo hincapié en la difícil vida laboral que nos espera a los futuros comunicadores. Ayuda pensar que el camino es largo para la gran mayoría y que hay que dar muchas vueltas para acabar donde realmente queremos estar (si es que lo conseguimos).
Quizá la intervención del único responsable que cubría el apartado concerniente a la imagen, Javier Bauluz, se quedó un poco corta. La exposición fue interesante por la calidad y dureza a la vez de las fotos que mostraba, pero podría haber sido un poco más expresivo a través de la palabra.
A destacar de las charlas del segundo día sería la de la periodista Mercedes Gallego. Ésta tomó el relevo de la periodista de la Cadena Ser Olga Rodríguez, quien participó en el mismo seminario el año pasado. Ambas han dado voz a esa minoría que también se ve inmiscuida en la guerra y que siguen siendo el sexo débil, las mujeres. A través de ellas se han denunciado múltiples injusticias.
En general, y debido al tema principal del que trataba el seminario, sabíamos que los testimonios de personas tan cercanas a la guerra serían duros y conmovedores. Hubo algo que varios ponentes remarcaron en sus charlas y que resulta sobrecogedor al imaginarlo: los reporteros de guerra padecen una sensación que no pueden borrar y es, según afirmaban, el olor a muerte que se mete en sus cuerpos después de haber estado en el escenario de las batallas, un olor tan desagradable que de ninguna forma consiguen eliminar y que les marca de por vida. Historias como esta y el emotivo homenaje que pudimos compartir con la madre de
Julio Anguita Parrado, fueron de los momentos que merecen la pena recordar de este exitoso seminario.
El homenaje al redactor de El Mundo sirvió, no sólo para dar cuenta de los horrores de la guerra, que siempre significa "una derrota de la humanidad", sino para reflexionar sobre el peligro que corren los informadores en el campo de batalla. Anguita Parrado era un plumilla -es así como se conoce a los redactores en los medios- infiltrado en un destacado del ejército americano y se la estaba jugando. Tres años han pasado ya desde aquel 7 de abril, pero su madre aún le llora. Otros compañeros optaron por otro punto de vista de la información. En vez de estar embedded, empotrados o encamados con el ejército de los EEUU, que indirectamente ejercía una particular censura en sus informaciones, muchos compañeros se quedaron en Bagdad, junto a los que sufren, para contar como la muerte y la desesperación iba llegando a la ciudad de las Mil y una noches. Sus informaciones se encargaron de transmitir un punto de vista que el ejército norteamericano no estaba controlando.
Es por eso que, apenas 24 horas después de la muerte de Anguita Parrado, la sombra de la muerte se cebaba, una vez más, con los informadores. En esta ocasión con los compañeros gráficos. Un tanque norteamericano bombardeó el 8 de abril de 2003, primero la sede de Al jazeera y Abu Dhabi Tv, donde falleció un compañero, y luego el Hotel Palestine. José Couso y Taras Prostyuk fallecieron a causa del ataque. El seminario también tuvo en cuenta a estos asesinados por el ejército de Estados Unidos. Pascale Bourgeaux, la periodista de la televisión belga, fue la primera en entrevistar a Gibson, el soldado norteamericano que disparó contra el hotel. Gibson no fue más que un ejecutor de las órdenes que venían desde arriba. No lo dudamos. Un sargento que ejecutaba órdenes. Algo que no dicta mucho de lo que sucede en otras guerras. Pero no sólo eso. El Hotel, en el que se alojaban todo tipo de informadores, incluso de los EEUU, era un enclave protegido por la Convención de Ginebra, que sufrió ese día una de sus más flagrantes violaciones. La información, y la integridad de periodistas y cámaras, no ha vuelto a ser la misma. La Convención de Ginebra protege a los centros de prensa, a los hospitales... Sitios que el horror de la guerra y de los invasores continuarán machacando sin protección. Si se viola la Convención de Ginebra para atacar a aquellos que pueden contarlo de primera mano, que tienen poder sobre la opinión pública mundial, qué no harán con hospitales, lugares residenciales, civiles, etc. alejados de la mano de Dios. ¿Qué atrocidades no se cometerán con ellos?
Sin duda, el disparo de Gibson era un ataque premeditado contra la prensa internacional que desde hacía muchos días criticaba la invasión estadounidense en Iraq. Fue un intento de Bush por acallar las voces disidentes y realistas. Un intento que no hizo más que levantar ampollas, pero que consiguió que muchos reporteros abandonaran la capital después de la toma de la ciudad, obtenida pocas horas después.
Desde aquí, y aprovechando esta tribuna abierta, queremos vincular este seminario de Reporteros de Guerra con una noticia que nunca debería haber llegado. Hace unas semanas, la Audiencia Nacional de España decidió archivar la querella que habían interpuesto los hermanos y la familia de José Couso contra THOMAS GIBSON, perteneciente a la Compañía «A» del Regimiento de Blindados n° 64 de la Tercera División de infantería Acorazada del Ejército de los Estados Unidos de América; el Capitán PHILIP WOLFORD, al mando de la Unidad de Blindados de la Compañía «A» del Regimiento de Blindados n° 64 de la Tercera División de Infantería Acorazada del Ejército de los Estados Unidos de América; y el Teniente Coronel PHILIP DE CAMP, al mando del Regimiento de Blindados n° 64 de la Tercera División de Infantería Acorazada del Ejército norteamericano.
Con la querella archivada, la justicia española cierra los ojos ante el asesinato y niega la existencia de una premeditación en los hechos que fueron un ataque a la libertad de expresión, no sólo a nuestro compañero Couso. Nos parece inaceptable e injusto que se archive esta querella pretendiendo olvidar lo pasado. Por suerte, la familia Couso ni olvida ni perdona, y muchos que los que pertenecemos al sector de la comunicación deberíamos hacer lo mismo. Como muestra, la
carta de Javier Couso que ningún periódico ha querido publicar. Qué menos que darle voz a través de aquí, así como a la
web de la familia. Y también nuestra solidaridad con ellos y el apoyo desde nuestro blog.
José Couso, crimen de guerra. Ni olvido, ni perdón. ¡Justicia!